Tras siete años siendo parte de la Orquesta Sinfónica Juvenil Regional de Arica, Pedro Pablo relata el impacto de la música en su vida en el norte de Chile.

Por Estefani Carrasco Rivera


Pedro Pablo Jorquera González ingresó a la Orquesta Sinfónica Juvenil Regional Arica (OSJR Arica) cuando tenía 12 años, desempeñándose los últimos tres como concertino del grupo que depende de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles, FOJI. Con la responsabilidad de guiar a sus compañeros desde un rol tan importante en la orquesta, hoy siente que esta experiencia le cambió la vida, pero su historia con la música data incluso desde antes de nacer. 

Mi mamá ponía música clásica cuando estaba en su vientre, eso quizás generó algo en mí porque de pequeño cuando escuchaba algún ritmo, me gustaba mover las manos como si estuviera con una batuta dirigiendo una orquesta”, recuerda. 

Con menos de 10 años, su primer acercamiento con instrumentos fue en el Colegio con la flauta, dónde no se quedaba solo con las clases, si no que luego ensayaba en casa viendo tutoriales de Youtube, revisando pentagramas y ensayando posturas con sus dedos. Eso despertó algo en él: “Me di cuenta que las canciones que quería interpretar no sonaban bien en flauta si no que en violín, luego me entusiasme más cuando vi una escena de Karate Kid donde una niña tocaba nocturno de Frédéric Chopin, desde entonces me visualicé tocando esa pieza”.

En cuarto básico fue suspendido de su Colegio porque a pesar de sus buenas notas, era un niño inquieto que necesitaba re-direccionar su energía, fue así que llegó al Liceo Artístico DR. Juan Noé Crevani, donde comenzó a tocar violín. Al año siguiente, en séptimo básico postuló a la beca para integrar la orquesta de FOJI en Arica, viéndolo como un desafío a su pasión: “significaba entrar a algo regional interescolar, sentía la presión, intenté varias veces, me frustré, incluso lloré, pero cuando lo logré me sentí muy feliz”. Comenzó siendo violín tercero, interpretando piezas complejas como marchas rusas. Al tiempo pasó a violín segundo, luego a primero y actualmente es concertino, es decir se encarga de los solos y de dirigir a sus compañeros de fila.

Ser concertino significa ser la mano derecha del director, organizar la fila de violines y ayudar a guiar las dinámicas para las piezas. Me siento bien en esta posición porque me gustaría ser un ejemplo para mis compañeros y alentarlos a que estén en mi puesto, porque pronto me voy a ir”. Efectivamente FOJI entrega becas de formación musical a jóvenes, que en el caso de la OSJR Arica, va desde los 11 a los 20 años, lo cual incluye clases especializadas, aporte económico mensual, campamentos y conciertos.

Pedro Pablo ingresó a FOJI en séptimo básico, hoy a sus 19 años, siendo estudiante de segundo año de ingeniería civil industrial en la Universidad de Tarapacá, cuenta con una sólida formación y un espacio que le permite compartir con amigos y le entrega felicidad.

“FOJI y las presentaciones que hacen son un equilibrio para mí y mi vida cotidiana, porque la Universidad es dura. Es un alivio participar en los ensayos porque, aunque a veces tengo que estudiar, puedo relajarme y disfrutar mientras toco, entonces me ayuda a equilibrar. La orquesta desarrolla disciplina, respeto y habilidades sociales entre los jóvenes. No es sencillo tocar en una multitud, entonces es necesaria la disciplina, pero además uno se relaciona con más personas, de diferentes colegios, con quienes juegas, compartes y conversas, entonces amplías tu círculo social. Me motiva mucho juntarme con mis compañeros, muchos eran del colegio y ahora que estoy en la U no puedo compartir seguido con ellos, pero acá puedo verlos. Me motiva también el papel y la responsabilidad de concertino.” comentó Pedro.

A su vez, recomienda vivir la experiencia de ser parte de FOJI: “En Arica no hay muchos músicos de orquesta, me gustaría hacer un llamado a los jóvenes a que se acerquen porque la música cambia vidas, estoy muy seguro de eso. A mí el violín me tranquiliza, hasta el día de hoy escucho música clásica o del período romántico, aprender música es entretenido, creo que es mucho mejor que el reggaetón o el trap”.

Cada año, los estudiantes que reciben esta formación musical tienen la oportunidad de presentarse en conciertos abiertos a la comunidad luego de prepararse con destacados músicos de Chile y recibir acompañamiento para reforzar sus habilidades psicosociales. Todos los años también pueden postular a esta formación nuevos estudiantes interesados en vivir esta experiencia.

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