No estamos de acuerdo con la violencia de género, pero sabemos que es una realidad impregnada en la sociedad que se normaliza a tal punto de creer que es lo correcto. Hoy inauguramos una nueva sección de susurros urbanos, donde La que escucha y te da la razón, conoció una retorcida historia que refleja la realidad de muchas mujeres en Arica. Si sufres violencia física o de cualquier tipo, busca redes de apoyo en amistades, vecinas, compañeras de trabajo, también existe el número 1455 que te puede orientar.

En la cuadra que vivo, a todos y todas las vecinas les han robado. Desde los platos de agua para los perritos de la calle, hasta autos completos. Pertenencias desaparecidas, vidrios rotos, sin batería, sin espejo y sintiéndote cada vez más vulnerable.


Miras la calle donde creciste de otra manera. Te sientes insegura y mientras bajas a tu hijo del auto, miras para todos lados sin parar. Es una sensación que se acrecienta y que hace que el grado de tristeza por el robo de tus cosas se transforme, en ciertos momentos, en algo que te paraliza y no te deja avanzar, porque el trauma es cosa seria, lo cual no es el tema.


Esta situación la analizaba con mi mamá en un taxi. Eran dos carreras y ella se bajaba primero. Ella se baja y él que conducía, comienza a darme su opinión sobre la delincuencia (sin yo pedírsela) y en esa primera interacción me cuenta que le habían mandado a pegar y que él se había defendido. Cuando le pregunto cómo es que sabe defenderse me dice que es militar y que tiene entrenamiento para aquello.


Esa pregunta que hice abrió el siguiente relato: “Hace un tiempo íbamos con mi ex en el auto. Nos quisieron hacer una encerrona, yo me baje del auto, el tipo me sacó una pistola, lo reduje y se la puse en la boca, ahí quedó, salieron todos corriendo”…(palabras de admiración de mi parte)…”Otro día íbamos con mi ex en el auto y me dijo unas cosas, me faltó el respeto. Estacioné el auto, la saqué y la empecé a cachetear, porque a un hombre se le respeta. Eso no se hace. Ahora ella dice que le pegué, yo nunca le he pegado, manda a sus amigos a pegarme. Yo soy un hombre bueno, trabajador, soy buen papá, creo en Dios, voy a la iglesia….(le digo que es súper bueno que se refugie en la religión y que quizás ahí encuentre una mujer que lo respete)…”Usted entiende lo que quiero decir. Espero que no pasen más momentos de delincuencia. Que Dios la bendiga”.

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