Ya sea de noche o de día en la ciudad tripartita cientos de ciudadanos se ven envueltos en el consumo de pasta base, para algunos un minuto de olvido, para otros una adicción que los gobierna por años sin poder salir. En Arica, empresarios, profesionales, estudiantes, dueñas de casa, pero en su gran mayoría personas en situación de calle, son las que consumen esta dañina droga.

Por Mario Ubilla Riquelme

Esto debido a su bajo precio y fácil acceso, sin embargo, el menoscabo no solo se lo desarrollan ellos cómo personas consumidoras con secuelas evidentes; mala dentadura, piel pegada a los huesos, cuerpos desaseados, familias destruidas, entre otros. A esto hay que sumar el daño material que se evidencia en la comunidad, ya que a diario surgen alertas de autos robados, casas tomadas por grupos de fumadores, y una ciudad que disminuye sus espacios públicos porque el aumenta de rucos por sobre soluciones habitacionales reales. Demás está relatar el consumo descarado de esta sustancia en lugares públicos a vista y paciencia de niños, autoridades y las fuerzas de orden y seguridad, quienes afirman estar colapsadas. 

DEJAR DE QUERERSE

Yakira Ávalos tiene 29 años, es de Calama y según cuenta desde los 14 que consume pasta base, “lo había dejado cuando tuve a mi primer hijo, y a los 17 recaí, toqué fondo, me llega hasta dar pena acordarme de esta parte de mi vida. En el ambiente de la pasta base uno se encuentra con jóvenes embarazadas fumando, pasa frío, delincuencia, niñas violadas y vas viendo como la droga te va quitando todo día a día, hasta la dignidad”.

“Al consumir principalmente dejas de quererte, dejas de sentir, la droga te quita los sentimientos y al tocar fondo uno siempre quiere refugiarse en algo para cambiar, estuve en un centro de rehabilitación y dejé de fumar durante ocho años, sin embargo, hace tres meses volví a caer nuevamente y ahora estoy en esta fundación, El Faro, en la que me acogieron para poder rehabilitarme”, describe Yakira, quien muestra en su ojos esperanza y los años de esclavitud debido al consumo problemático de pasta base.

DESDE LOS ‘80

I.Rivera tiene 55 años, es del sector conocido como Pueblo Hundido de Arica, si bien registra a diario el tránsito de consumidores por su barrio, hoy como empresario detalla que ha dejado atrás el consumo de pasta base: “Yo a los 16 años comencé a consumir pasta base, en el año 1985 llegó esto como algo nuevo, no era tan adictiva, era para el carrete. Nos juntábamos todos en la esquina y comprábamos caja de fósforo a dos lucas llenos de droga como cabros lo hicimos para probar”, recalca Rivera.

Agrega que “antes se fumaba un solo puntasito, con la pasta y el cigarro, pero dé a poco algunos amigos le iban agregando más dosis, hasta que algunos se engancharon para siempre. Yo particularmente me puse adicto cuando conocí a la mamá de mi primer hijo, en esa casa vendían drogas y comencé a tener malas juntas y por el vicio llegué a robar y perder todo”.

Rivera se atreve a afirmar que gran parte de la población ariqueña tiene un consumo moderado de pasta base, sin embargo, existe un consumo problemático en otro grupo no menor: “Esto pasa porque hoy venden pasta en cualquier lugar, es súper adictiva y está en todos lados, es demasiado accesible”. Si bien Rivera nunca ha entrado a un centro de rehabilitación debido a que su consumo terminó hace siete años, éste confiesa que él y su esposa aportan con recursos todos los meses para un centro de rehabilitación en las afueras de la ciudad.

Desde el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) precisaron que no tienen fechas exactas de ingreso de sustancias al país o a una región, ya que eso corresponde a otros organismos del Estado vinculados a la persecución penal y al control de drogas.

“Lo que sí podemos señalar es que desde inicios de la década de los ’90, SENDA (antes CONACE) comenzó a levantar estadísticas oficiales sobre consumo de sustancias en Chile, a través de encuestas periódicas que se mantienen hasta hoy. En esas mediciones se observa la evolución del consumo de distintas sustancias, incluida la pasta base, lo que nos ha permitido contar con información actualizada y tomar decisiones basadas en evidencia. Además, cabe mencionar que actualmente las principales sustancias de ingreso a tratamiento en nuestra región son, en primer lugar, alcohol y luego marihuana”, afirmaron desde SENDA.

EL FINAL ES LA CALLE 

Soledad Valdivia cumplió 50 años en agosto, estudió dos semestres periodismo en la Universidad de Chile y relata que lleva veinte años consumiendo por temporadas pasta base; “yo nací en Ecuador, porque mi mamá se tuvo que ir para el Golpe Militar, una vez que regresamos a Chile mi mamá enfermó de cáncer y ahí tuve que salir a trabajar, congelar mi carrera y conocer la calle. Me metí en el alcohol y la pasta base y recorrí el país puro carreteando, tenía como 29 años ya no era niña cuando me metí en este vicio”.

Hoy junto a su pareja Cristián quién es de Iquique, intentan con esfuerzo salir de la pasta base:“nosotros nos vinimos a esta fundación El Faro para salir adelante, llevamos tres años sin consumir y gracias a dios no nos hemos arrancado a fumar”.

Luego de haber sido delincuente, Cristián recuerda que terminó viviendo en la calle, “los últimos días de mi consumo dormía en ruco. Uno debe ser bien consciente y decir que uno nunca está listo, porque nunca termina esto, esto es una enfermedad eterna, pero por momentos uno despierta su mente”. 

Humberto Jara de 58 años llegó operado de un tumor medular desde la Región de Ñuble a la fundación El Faro en Arica y confiesa que su hija vivía en una choza en la calle antes de estar acá: “Me vine de Chillán porque ella está acá con su pareja ambos son consumidores problemáticos, ellos consumían mucho, mi consumo es más esporádico, pero estar acá me hace sentir bien y estamos toda la familia en un proceso de rehabilitación”.

UNA OBRA DE FE 

Jonathan Jonhson es de Viña del Mar tiene 42 años y es pastor de la Fundación el Faro, confiesa que llegó hace siete como un drogadicto más: “Fumé más de veinte años, terminé botado en la calle fumando pasta base. Estuve en centros de rehabilitación del Senda, privados y nada resultó hasta que conocí al Señor”.

Agregó que la Fundación es una ONG, sin fines de lucro, “mientras haya cobijo y abrigo recibo a los consumidores que quieran rehabilitarse, tenemos cerca de 90 personas que están en proceso de dejar de consumir pasta base y que están saliendo adelante, este es un verdadero pueblo todos tienen un trabajo y funcionamos a través de donaciones; Personas del Agro, maderas Enco, particulares y hasta de los militares recibimos donaciones”.

CENTROS DE REHABILITACIÓN

Según información entregada por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), la región de Arica y Parinacota cuenta con 15 Centros de Tratamiento en convenio con SENDA, los cuales entregan atención gratuita a personas con consumo problemático de alcohol y otras drogas. Actualmente existen dispositivos dirigidos tanto a población adulta como a adolescentes, que funcionan bajo un modelo de tratamiento integral. Todo el proceso de ingreso, atención y acompañamiento se realiza sin costo para las personas beneficiarias del Fondo Nacional de Salud, FONASA. En el caso de los adolescentes el tratamiento no tiene costo independientemente de la previsión de salud. 

“Sabemos que el consumo problemático no solo afecta a la persona directamente, sino también a su entorno familiar y comunitario. Por eso, en SENDA desarrollamos un trabajo integral a la base de un continuo de cuidados a través de las áreas de prevención, tratamiento e integración social. En materia de tratamiento, además de los centros en convenio, contamos con programas que incluyen apoyo psicosocial, acompañamiento familiar y coordinación con redes de salud, educación y justicia. Nuestro objetivo es que quienes lo requieran tengan acceso a un proceso de recuperación y reinserción, con un fuerte componente de acompañamiento a las familias”.

Agregaron desde la Institución que no existe un catastro individualizado para esta sustancia, pero sí cuentan con estudios nacionales y regionales que les permiten dimensionar la magnitud del consumo de distintas drogas. Por ejemplo, SENDA cuenta con vasta experiencia en vigilancia epidemiológica donde a través del Observatorio Nacional de Drogas realiza periódicamente el Estudio Nacional de Consumo de Drogas en Población General y también el Estudio Nacional en Población Escolar, las que entregan información estadística clave para diseñar y focalizar las políticas públicas, estudios están disponibles en el sitio oficial www.senda.gob.cl

Algunos de los programas de tratamientos intensivos (PAI) gratuitos que están en la región son los que entrega Coral (Nacho Vergara para niños y jóvenes hasta 20 años, el Wanda Clemente para mujeres adultos desde los 20 años, Los Olivos para adolescentes varones entre 14 y 18 años, y el Jiwasa para adolescentes varones entre 14 y 18 años); Cofeduc (Wiyaka para niños, niñas ya adolescentes hasta 17 años, y Senda calle para personas en situación calle); Elena Cafarena para mujeres mayores de 18 años; Padre Hurtado para hombres mayores de 20; Corporación Esperanza para hombres mayores de 18 años; por nombrar algunos además de dispositivos estatales como los programas de salud mental del Servicio de Salud Arica.

FALTA DE COBERTURA PARA GENTE EN SITUACIÓN CALLE

Según el Censo del año 2024 en Arica viven 1.184 personas en situación de calle. Si bien no existe cifra exacta de los rucos, se calcula que deben ser más de 100 los que están distribuidos por la ciudad.


Desde el MDSYF afirmaron que  en Arica hay tres albergues para personas en situación de calle los cuales son financiados por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia y los ejecutan ONG´s, uno es para cincuenta personas y los otros dos son para veinte cada uno. Se va de forma voluntaria y no se puede entrar si han consumido alcohol o drogas “no hay estudios de personas en situación de calle con consumo de pasta base, pero se estima que la mayoría que viven en rucos consume”.

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