El MIR rechaza la teoría de la «vía pacífica» porque desarma políticamente al proletariado y por resultar inaplicable, ya que la propia burguesía es la que resistirá, incluso con la dictadura totalitaria y la guerra civil, antes de entregar pacíficamente el poder. El Mir reafirma el principio marxista-leninista de que el único camino para derrocar el régimen
capitalista es la insurrección popular armada. En Arica existen próceres que para una época dura con las clases más populares se enlistaron para toda su vida con los colores rojo y negro, iniciando el movimiento en la región y en el norte de Chile.

Por Mario Ubilla Riquelme

Es una constante que en la educación chilena te presenten a Bernardo O’Higgins Riquelme o a José Miguel Carrera con el título de Padre de la Patria. Otros líderes y próceres relevantes incluyen a José de San Martín, Diego Portales, Ramón Freire entre otros.

Sin embargo, no se registra de la misma manera en los relatos, ni en los libros de historia la hidalguía de Manuel Rodríguez la más reciente de Salvador Allende, Miguel Henríquez, Mauricio Norambuena o el mismo Sergio Vásquez, alias «Gregorio» en Arica, quien en tiempos de plena dictadura militar fue el segundo más importante del Movimiento de Izquierdista Revolucionario (MIR) en la región.

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria es un partido comunista marxista-leninista de extrema izquierda chileno y antigua organización guerrillera urbana fundada el 12 de octubre de 1965 en Santiago. En su apogeo en 1973, el MIR contó con unos 10.000 miembros y asociados. “Todos dispuestos a entrar de pie, pero salir acostados”, cuenta entre risas Gregorio.

Hoy dedicado al cine y en el contexto de los 52 años del Golpe Militar, Gregorio, resaltando que los colores rojo y negro no “se dejan”, entregó una entrevista para el medio digital Clandestino.blog.

NERUDA Y ALLENDE
Nacido en Parral recuerda que su madre lo tuvo en el año 1951 a la “luz de las velas en una casa de campo. Yo generalmente prendo una vela y en una de las tantas conversaciones que tuve con mi madre le pregunté porqué prendía velas y me confesó que yo había nacido a una cuadra de donde nació Pablo Neruda a la luz de la vela”.

Su padre de profesión marino de la Armada le permitió en más de una ocasión disuadir a los militares que en esos tiempos buscaban al “Bigote», gracias al trabajo de su papá vivió varios traslados: «Viví en varias ciudades desde Arica hasta Punta Arenas. En Valparaíso permanecí mucho tiempo y fue ahí donde existieron mis primeros cuestionamientos”.

Recuerda Gregorio que en la Quinta Región su mamá un día le dijo que entendía su incursión en política, pero que no era necesario que fuera tan extremo, “podía ser del MAPU, la Izquierda Cristiana» y él respondió que ella era la culpable de su sensibilidad porque en las frías noches de invierno en Valparaíso para hacerlos dormir les leía Sub-Sole, SubTerra, «y de ahí nació mi inquietud por las diferencias sociales en Chile”.

Gregorio afirma que su casa ubicada en la calle Maipú de Arica fue una de las más allanadas en tiempo de dictadura civil-militar, “se me produjo un cerco en ese tiempo por parte de los militares. Nosotros llegamos el año ’65 a esta ciudad, mi papá era marino y me quería dar buena educación así que me matriculó en el Colegio San Marcos, yo ingresé a ese colegio con muchos prejuicios, imagínate que en Valparaíso estudié en el Liceo Número 2, después me enteré que en ese Colegio se educó el presidente Salvador Allende”.

PRIMERA CELULA COMUNISTA
Cuenta que una vez en Arica y estando en el colegio pagado decidió integrarse a las filas de las Juventudes Comunistas: “tuve unos compañeros que eran muy buenas personas, por todo lo que me apañaron, llegué a las Juventudes y me atendieron muy bien. La primera misión fue generar una célula, así que ahí me reuní con compañeros del San Marcos y la generamos, después vino la segunda misión que era la campaña de finanzas. Ahí esperábamos los rifles, queríamos la revolución, y nos mandaron de misión ir a buscar diarios viejos, botellas y huesos, sentimos una decepción tan grande que nos retiramos indignados y creamos el Movimiento Revolucionario San Marcos, sin saber si San Marcos era o no revolucionario”.

Entre los compañeros que reclutamos en el San Marcos “había uno de origen alemán y él hizo el contacto con un dirigente del MIR en la Universidad de Chile, yo quedé fascinando y así fue como pudimos reunirnos con un dirigente del MIR en la Lisera. Ahí fue cuando nos dijo de entrada; bien compañeros a esta organización se entra de pie, pero se sale horizontal con un tacucho de madera en la espalda”.

MIRISTAS Y CNI MADE IN SAN MARCOS
La segunda reunión con el contacto del MIR fue en el aeropuerto el Buitre, donde tenían que ir con bombas molotov. “Llegamos allá y ahí el dirigente del MIR nos desplegó una bandera de Chile en una roca y nos preguntó ¿Qué es la Patria? Y después de varias respuestas nos dijo que Patria son los trabajadores y para romper los estigmas nos hizo llenar de molotov la bandera chilena. Con todo lo que se siente llené de molotov la bandera nacional, porque yo quería pertenecer al MIR”.

Tras esto “pase a ser parte oficialmente del MIR. Imagínate lo que era ser estudiante del Colegio San Marcos en ese tiempo, nosotros, tener de compañero a Gabriel Hernández Anderson, el criminal de los banqueros en Calama que los dinamitó en el desierto, él ya en el Colegio mostraba una tendencia fascista”, recuerda Gregorio.

CASO CALAMA CNI
En diciembre de 1980, la sucursal del Banco del Estado en Chuquicamata fue asaltada por un solitario ladrón antes del horario de apertura. Los encargados de investigar el crimen fueron el jefe local de la Central Nacional de Informaciones (CNI), Gabriel Hernández Anderson, y su lugarteniente Eduardo Villanueva Márquez.

Con el supuesto objetivo de detectar fallas en la seguridad del banco, Hernández y Villanueva propusieron al agente del mismo, Luis Guillermo Martínez Ayala, y a su cajero, Sergio Yáñez Araya, la realización de un simulacro de asalto. No obstante, la intención de los dos agentes de la CNI realmente fue perpetrar un robo.

El 9 de marzo de 1981, Hernández y Villanueva se presentaron en la sede bancaria para dar inicio al supuesto simulacro. Con la ayuda de Martínez y Yáñez, sacaron todo el dinero del cofre de seguridad para colocarlo en varias cajas de manzanas. La suma ascendía a 45 millones de pesos. Luego cargaron las cajas en una camioneta y se dirigieron a las afueras de la ciudad. El vehículo era manejado por Francisco Díaz Meza, otro agente de la CNI.

En el sector de Chiu Chiu, los agentes de la CNI obligaron a los trabajadores bancarios a bajar del vehículo y recostarse boca abajo. Villanueva procedió a pegarles un par de tiros en las nucas. Luego los agentes procedieron a colocar los cuerpos en una cama de 12 kilos de dinamita para luego detonarla y así hacer desaparecer los cadáveres.

EXPULSIÓN
Los curas tenían que hacer algo y convocan a una reunión de las Juventudes Cristianas “me entusiasmé por el colegio, porque podíamos aportar como MIR, yo pensaba que me iba a encontrar con juventudes cristianas, pero me encuentro con una actividad que parecía más un homenaje a las juventudes hitlerianas que un acto cristiano. Teníamos un profesor que nosotros cachábamos que era de izquierda y siempre nos ayudaba a no meter la pata”.

Sin embargo, llegó un momento y el colegio San Marcos expulsó a Gregorio: “Me fui al liceo Politécnico y ahí con algunos compañeros formamos las primeras bases del MIR, dependíamos de Antofagasta y Jorge «Trosko» Fuentes era el encargado de zona. En el año ’73 los bandos militares ofrecían recompensa por el Trosko Fuentes vivo o muerto, así que fue el primer trabajo que tuvimos que desarrollar, insertarlo en la clandestinidad”.

OPERACIÓN CONDOR
El 12 de enero del 1976 se supo por última vez del sociólogo Jorge Fuentes Alarcón, conocido entre sus camaradas y amigos por el apodo de “Trosko”. Luz Arce, colaboradora de la DINA, menciona en uno de sus testimonios haber escuchado que ese día se habría dado muerte a un prisionero con una inyección letal y que aparentemente se trataba de Jorge.

Tras largos meses de cautiverio en Villa Grimaldi, torturado sistemáticamente y obligado a vivir en condiciones infra humanas, el “Trosko” se encontraba en muy malas condiciones físicas y contagiado con varias enfermedades. Pese a lo anterior, es recordado por los prisioneros que estuvieron secuestrados junto con el, como un hombre que alentaba a sus compañeros, que cantaba y era poseedor de un extraordinario sentido del humor, que lo hacía incluso bromear con su brutal cautiverio.

El sociólogo, destacado dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, fue detenido el 17 de mayo de 1975 por agentes de seguridad de Paraguay y luego, a mediados de septiembre de ese año, entregado a la DINA y trasladado clandestinamente al país. Fuentes sería el primer caso de un chileno capturado por la coordinación de los aparatos represivos de las dictaduras del Cono Sur, conocida como Operación Cóndor.

1973 Y EL MIR

Gregorio recuerda que “el partido había crecido tanto que el 11 de septiembre de 1973 nos pilló a traspié, porque nosotros como partido estábamos reorganizando toda nuestra estructura, ya que orgánicamente no nos daba, así que nos pillaron en un momento de reorganización de las bases”.

Luego vinieron detenciones, torturas y allanamientos hasta que fue exiliado. «En ese proceso fue el triunfo más lindo que recuerdo. Nos íbamos a Inglaterra a cargo de dos agentes de la CNI que nos tenían que llevar hasta Europa, supuestamente. En Brasil el avión hizo una escala, ahí yo me paré al baño y tuve un altercado con los agentes que iban a cargo de nosotros, entonces empezó un forcejeo”.

Como ya no se encontraban en Chile estaban «más choros» y entre forcejeos llegó el capitán de la nave, «nos habló en español y comprendió todo. Les dijo a los agentes de la CNI que se bajarán inmediatamente porque este territorio era escocés -la línea aérea era escocesa-, y los agentes se tuvieron que bajar en Brasil. Luego ya en el vuelo nos envió whisky y nos mandó a decir que ya estábamos en un país que protege la libertad”.

Al regreso de su exilio Gregorio se dedicó al cine y cuenta con realizaciones como «Si se te pierde el alma en un descuido» (1997), «La historia del Turco Chara» (2001),  “Treinta Septiembres para una Primavera” (2003) -en cámara y entrevistas-, y «La Rebelión de los Bastones» (2011).

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