La investigación recientemente publicada lleva por nombre “Jornadas por la vida. Una historia de las y los militantes de derechos humanos en dictadura. Arica 1983-1989” y fue escrita por el historiador Felipe Delgado Torres.

Por Estefani Carrasco Rivera

Casi nula es la cantidad de libros de profesionales de las ciencias sociales y humanidades en  regiones  sobre la dictadura, período de terror violento en la historia de Chile. Una historia que cada vez se enseña menos en las aulas escolares, cambiando con  las nuevas generaciones, y así lo demuestra Felipe Delgado Torres, historiador oriundo de Tocopilla, egresado de la Universidad de Tarapacá, magíster de historia de la Universidad de Santiago y candidato a doctor en Historia de la misma casa de estudios, quien acaba de publicar el libro “Jornadas por la vida. Una historia de las y los militantes de derechos humanos en dictadura. Arica 1983-1989”, el cual visibiliza el movimiento social ariqueño que defendió la libertad, cuando hacerlo podía costar la vida.

Durante su pregrado en la ciudad, Felipe descubrió que no habían libros en su casa de estudios donde se registraran investigaciones sobre lo ocurrido en regiones durante la dictadura. “Nos dimos cuenta que no había un relato ordenado, sistemático desde la historiografía y que esa ausencia contrastaba con la presencia de otras narrativas fuera de la universidad u otras instituciones, sobre las resistencias en dictadura o la Unidad Popular, que daban cuenta de un momento histórico que sí había tenido vida en Arica”. 

Sus primeras investigaciones fueron junto a sus compañeros del Colectivo Quipu, quienes ganaron dos Fondos del Patrimonio, al poner en valor por un lado, las fotografías de los movimientos sociales de Arica en Dictadura, a través del archivo del periodista Héctor Mérida; y por otro lado, documentos tales como declaraciones públicas, cartas, material de educación popular y convocatorias de organizaciones cómo la Comisión Chilena de Derechos Humanos filial Arica, la agrupación Cultural Chucuruma, el Servicio Paz y Justicia – SERPAJ,  entre otros. Todos estos archivos están a disposición de ser consultados por la comunidad a través del Archivo Histórico Vicente Dagnino y en el Archivo Municipal de Arica.

Archivo fotográfico de Hector Merida disponible en línea. Movilización Mujeres de luto.

Aporte a la historia social del norte de Chile 

Para elaborar el libro recién publicado, sus informantes claves fueron el periodista Héctor Mérida, el profesor Oscar Arancibia y la artista Kika Cisternas, ya que a través de ellos conoció una gran cantidad de actores sociales que fueron “invisibilizados durante décadas” por la historia. 

“Revisé mis apuntes de cuando estaba en pre grado sobre historia contemporánea en Chile y no había ni una coma sobre estos temas. Yo creo que pasa por múltiples factores. Llama la atención, por los compromisos tomados por Chile en torno a derechos humanos y educación, que las universidades públicas no sean reflejo de esos compromisos asumidos hace décadas. Creo que son decisiones epistemológicas sobre qué conocimientos estamos generando, en este caso en el departamento de Historia de la Universidad de Tarapacá; y también disciplinar, entendiendo que los fundamentos historiográficos y quienes son sujetos históricos, son todas  las personas de carne y hueso, no solo los grandes héroes”, comentó el historiador. 

Felipe también resaltó que la carencia de investigación sobre derechos humanos se nota más en el norte porque los únicos departamentos de historia están en Arica y en La Serena, “Iquique, Calama y Antofagasta no tiene una sistematización historiográfica de estos temas”. 

Movimientos por los derechos humanos en Arica

Integrantes de los movimientos sociales que resistieron a cara descubierta el geneocidio y terror de la Dictadura en Arica, destacaron la visibilización de estos relatos para que nuevas generaciones no permitan que vuelva a suceder. 

Kika Cisternas Riveros, artista visual y militante del movimiento por los derechos humanos, resaltó la importancia de este libro en el rescate de la memoria: “Este libro rescata nuestras historias, nuestras memorias, nuestros trabajos de educación popular en tiempos de dictadura. Es un libro emotivo y muy científico, para visibilizar los hechos y un legado para las futuras generaciones, para que las violaciones a los derechos humanos nunca más sean repetidas. Este es el primer registro desde la historia. Felipe escribe sobre tres organizaciones muy importantes en ese entonces: La Comisión Chilena de Derechos Humanos sede Arica, el Movimiento contra la tortura Sebastian Acevedo y el Servicio Paz y Justicia, Serpaj Arica. En estos dos últimos hice militancia”.

Ricardo Fuentes, integrante de SERPAJ y del Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, agregó que la memoria depende de quien la vea, pero se asienta muy bien cuando hay registros históricos “los registros históricos académicos como el trabajo de Felipe Delgado, entregan respaldo y validez a estos relatos. La opinión pública lee lo que se respalda en publicaciones académicas, y este trabajo es muy cercano. Siendo académico, es un relato claro, limpio y de fácil acceso. Cuando nos contactó le dije que sí, sobre todo a esta edad que la memoria uno ya la pone al servicio”. 

Rosa Icarte Muñoz, trabajadora social que ha participado desde el 11 de septiembre de 1973 en la lucha por recuperar la democracia, comentó que la importancia de este libro es visibilizar una historia que no está contada: “Desgraciadamente la historia de Chile está escrita desde lo militar, no desde el movimiento obrero o pueblos originarios. Desde el 11 de septiembre luché por hacer notar las situaciones de violaciones a los derechos humanos que iban sucediendo, desde el primer día, porque acá nos mataron al director de la escuela de trabajo social -Manuel Francisco Donoso Dañobeitía- y eso significó un golpe fuerte, nosotros estábamos terminando la carrera. Nosotros somos parte de una generación que hizo historia, que estuvimos en la historia en un momento difícil del país y no se ha escrito de eso”.

Rosa destaca que a través de la educación popular de Paulo Freire que ejerció a través del Serpaj, fueron juntándose con mujeres y hombres que vivían la misma inquietud, “todos teníamos miedo, pero en grupo tú lo vas superando”.

Patricia Gonzalez Aguirre, oriunda de Calama llega a estudiar a Arica y conoce a compañeras de universidad que integraron movimientos de iglesias por los derechos humanos y también del PC, “en Serpaj comencé a trabajar de forma más ordenada por los derechos humanos, fui varias veces a Punta de Tralca a capacitarme sobre educación popular, fuimos a Calama donde hicimos una obra de teatro sobre los primeros ejecutados políticos, trabajamos con un sindicato de la construcción y contábamos con los certificados de defunción”. Todas estas acciones tenían relación con la esperanza del grupo de que las cosas podían cambiar. Hoy Patricia reflexiona y piensa que el libro deja plasmada una parte de la historia de esta lucha colectiva: “Lo que me regaló el movimiento de derechos humanos es la rectitud, nunca abandonar a un amigo y tener amigos eternos”. 

Para Felipe se trata no sólo de una red de personas que fueron parte de una institución de derechos humanos, sino que también de fuertes lazos afectivos donde convergen aspiraciones políticas y su sentido de respeto a la vida: “Ese lazo inquebrantable durante los años, evidencia un grupo humano super cálido, que ha pasado muchas vicisitudes, pero también ha logrado sobreponerse y esa fuerza del colectivo a mi también me catapultó a poder realizar la investigación y sentirme acogido”.

¿Cuál es la importancia de generar este tipo de bibliografía de memoria?

Se habla de la importancia de la bibliodiversidad en las sociedades democráticas y si la democracia se midiera en ello es una meta muy lejana en Chile. Transcurridos 50 años del Golpe, hay muchos temas en torno a la historia social y política que no han sido abordados. Sabemos poco de lo que ocurrió en otras latitudes del país en dictadura, sabemos poco cómo se resistió y cómo los movimientos de resistencia hicieron frente durante 17 años a la opresión del autoritarismo militar. Contribuir modestamente con un estudio historiográfico desde una zona que no tenía un libro o un estudio más sistemático, yo creo que siempre va a ser positivo, independientemente del autor o autora que lo haga. No obstante, si uno hace un recuento sigue siendo el 1% de las publicaciones. El aporte a la memoria es clave, hay mucha gente que ya falleció, pasaron los años y nadie se tomó el tiempo de ir a conversar con ellos. 

¿Cuál es tu reflexión frente a que cada vez se enseñe menos historia en los colegios y liceos?

Soy profesor de historia y geografía que nunca ha ejercido en aula, pero como profesor formado entendí que el currículum es netamente político. Lo que se decide enseñar o no en los colegios y las decisiones que toma el Ministerio de Educación son eminentemente políticas, no hay currículum neutro. En el caso chileno, con las últimas modificaciones que se hicieron en enseñanza media, donde se suprimen las clases de historia en tercero y cuarto medio, y se pasa a llamar formación ciudadana, te das cuenta que hay un intento descarado de suprimir contenido histórico, no fomentar el desarrollo de una masa crítica y en tercer lugar, dejar al margen un período de la historia que es complejo e incómodo y que tensiona las narrativas de consenso desde la transición democrática hacia adelante. 

El pueblo que resiste la dictadura es el pueblo protagonista del período más boyante de la historia chilena del siglo XX que es el período de la Unidad Popular. Algunos historiadores norteamericanos al principio del 2000 ya decían que ese período de tres años, era de más memoria prohibida que la memoria de los años ‘80. Se habla más de la dictadura que de la Unidad Popular. Entonces ese pueblo que resiste en los años ‘80 son los sobrevivientes de ese proyecto histórico. Gabriel Salazar decía que en tercero y cuarto medio es cuando los jóvenes están en su madurez más elevada, y se les quita la posibilidad de madurar esa reflexión y eso es alarmante, porque son los jóvenes que llegan con ese vacío a las universidades. En regiones donde no está sistematizada la información, se agudiza esta ignorancia. 

Hace años tampoco hay grandes movimientos universitarios, al menos a nivel nacional, ¿Tiene alguna relación esto?

Los signos de los tiempos -haciendo referencia a José Aldunate- nos dicen como el tiempo presente se relaciona con la vida. La relación de la historia siempre se asumió con el pasado, aquello que está atrás. Pero el tiempo es continuo, incluye el pasado, presente y mira el futuro, yo creo que anular una historia de estas características, criminalizar la movilización social, sumado el bombardeo mediático por diferentes canales entre ellos los bots, finalmente desinforma, confunde e instala la post verdad, que es la mentira. Ese conjunto de elementos desalienta la movilización, alienta la ignorancia en cuanto a comprender que muchas conquistas son fruto de esos movimientos, muchos beneficios universitarios son parte de ello y no fueron regalo de un mundo mágico que vino y los entregó. Después del estallido social, se verifican muy pocos movimientos sociales y si los hay, en las universidades son prácticamente demandas internas, no es algo nacional como antes. 

La condena a la manifestación pública y tildarla de vandalismo o delincuencia, agravan la situación a una formación de una masa más crítica. También están las sanciones económicas, culturales, hoy mucha gente estudia con gratuidad y quizás cree que si se moviliza va a perder ese u otros beneficios. 

En 2024, Trabajadores y trabajadoras por la Memoria Histórica y los Derechos Humanos Arica y Parinacota, re editaron el libro “Que nadie pierda la memoria soy parte de esta historia”, en donde identifican 18 centros de detención y tortura en Arica, 14 personas fueron víctimas de ejecución política: Julio Valenzuela Bastías, Manuel Donoso Dañobeita, Oscar Ripoll Codoceo, Mónica Benaroyo Pencu, Luis Solar Welchs, Manuel Sanhueza Mellado, Jorge Verceloti Muñoz, Mario Espinoza Barahona, Vicente Atencio Cortés, Luis Contreras Oviedo, Marisol Vera Linares, Salvador Cautivo Ahumada, Sergio Tiayna Vásquez, y el caso NN víctima de violencia político de género; y 11 personas fueron víctimas de desaparición forzoza: Sergio Pantoja Rivera, Juan Peña Fuenzalida, Grober Venegas Isla, Lorenzo Tobar Avilés, Jorge Fuentes Alarcón, Pedro Mella Vergara, Sergio Oviedo Sarria, Isidro Castro Villanueva, Juan José Paillalef Paillalef, Luis Pino Soto y Susana Gómez Andrade.

Archivo Hector Merida

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